"Jugamos con uno menos": la frase de Van Gaal que marcó el destino de Riquelme en el Barça

Juan Román Riquelme volvió a abrir el baúl de los recuerdos y dejó una radiografía cruda y sincera de su paso por el Barcelona en una charla reciente en el podcast 'Gente, disfrutemos el fútbol'. Sus palabras no solo reconstruyen una etapa turbulenta de su carrera, sino que explican, con la claridad de los años, por qué su fútbol nunca terminó de encajar en el ideario de Louis van Gaal.
“El primer día llegué al vestuario y había una mesa llena de videos. Estos videos son todos de usted, me dijo”, recordó Román. El neerlandés fue directo desde el primer saludo: “Usted es el mejor jugador del mundo cuando tiene la pelota. Pero cuando no tiene la pelota jugamos con uno menos”. Riquelme, recién aterrizado, escuchó en silencio. Van Gaal fue más allá y le explicó el contexto de su fichaje: “Lo trajo el presidente porque acá hicieron una encuesta después de que Boca le ganara al Madrid y la gente quería que usted llegue al Barcelona”.
La escena resume el conflicto de fondo. Riquelme representaba el enganche clásico argentino, formado en la calle, enamorado de la pausa. Van Gaal, en cambio, era el arquitecto de un sistema rígido, basado en la ocupación de espacios, la intensidad y la obediencia táctica. Dos filosofías destinadas a chocar.
El técnico fue claro con su plan: extremo izquierdo. “Aquí tenemos un sistema en el cual yo confío y usted va a tener que jugar ahí”, le dijo. Román aceptó sin protestar: “No tengo problema”. Pero el cuerpo y el alma del juego no entienden de imposiciones. “Yo tenía que estar quieto ahí y no aguantaba”, confesó.
"Usted es un desordenado"
El quiebre llegó rápido. Ante el Racing de Santander, Riquelme rompió el libreto, se metió por dentro, se ubicó de mediapunta y dio los dos pases gol para el 2-1 de Kluivert. “Yo contento, los diarios contentos…”, recordó. Pero al día siguiente, Van Gaal fue lapidario: “Usted es un desordenado. Todos dicen que jugó un partidazo, pero yo le dije que tenía que jugar de extremo izquierdo”.
Desde ahí, la historia fue cuesta abajo. Riquelme no podía traicionarse: se cerraba para tocar la pelota, para pensar el juego. Van Gaal no cedía. “Después de unos partidos me quedé fuera. Jugaba solo las segundas partes”, resumió Román, sin rencor, pero con la certeza de quien sabe que nunca hubo entendimiento.
Su llegada al Barça había estado cargada de simbolismo. Costó 24 millones de euros, una cifra importante para una institución en plena reconstrucción convulsa. Venía de bailar al Real Madrid con Boca en la final de la Intercontinental, como el heredero de grandes talentos argentinos. Había llegado después de Saviola, pero sin Carlos Bianchi en el banquillo. Joan Gaspart eligió recuperar a Van Gaal, y con esa decisión marcó el destino de Román.
Riquelme aborrecía la velocidad la intensidad y el trabajo defensivo. Su valor estaba en la pausa. Eduardo Sacheri lo definió como “un exquisito cuando casi todos han renunciado a serlo".